La ecuación de Drake: ¿existe vida inteligente extraterrestre?

La ecuación de Drake: ¿existe vida inteligente extraterrestre?


Probabilidad Astronomia

Es posible, pero ¿qué tan probable? Pues… lo he calculado.

Cuando en una plática entre amigos surge la pregunta:

—¿Crees que exista vida extraterrestre inteligente?

Yo suelo responder:

—No.

Y cuando inevitablemente preguntan:

—¿Cómo lo sabes?

Mi respuesta favorita es:

—Pues… lo he calculado.

No, evidentemente, porque haya descubierto algo que los astrónomos ignoren.

La culpa la tiene Carl Sagan.

Cuando era niño, en los años ochenta, quedé fascinado con Cosmos. En el episodio 12, “Enciclopedia Galactica”, Sagan plantea precisamente esta pregunta: ¿cuántas civilizaciones tecnológicas podrían existir en nuestra galaxia?. Para responder utiliza:

La ecuación de Drake: N = N∗ × fp × ne × fl × fi × fc × fL

Su elegancia está en que transforma una pregunta casi filosófica —¿estamos solos?— en un problema de probabilidades. Cada variable actúa como un filtro que reduce, paso a paso, cuántas civilizaciones tecnológicas podrían existir hoy en la galaxia:

VariableSignificado
N∗Número de estrellas en la galaxia
fpFracción de estrellas con planetas
nePlanetas potencialmente habitables por sistema
flFracción de esos planetas donde surge vida
fiFracción donde la vida se vuelve inteligente
fcFracción que desarrolla tecnología comunicable
fLFracción del tiempo de vida del planeta en que esa civilización sigue activa

Hagamos las cuentas con Sagan

Sagan parte de unos 400 mil millones de estrellas en la Vía Láctea.

1. Estrellas con planetas — supone que una cuarta parte los tiene:

400,000,000,000 × 0.25 = 100,000,000,000

2. Mundos potencialmente habitables — imagina dos por sistema:

100,000,000,000 × 2 = 200,000,000,000

3. Mundos donde aparece vida — con un 50% de probabilidad:

200,000,000,000 × 0.5 = 100,000,000,000

Hasta aquí ya tenemos 100 mil millones de mundos con vida en su simulación.

4. Vida inteligente y civilización tecnológica — Sagan supone que en 1 de cada 10 aparece inteligencia, y que 1 de cada 10 de esas especies desarrolla una civilización capaz de comunicarse:

100,000,000,000 × 0.1 × 0.1 = 1,000,000,000

Mil millones de planetas en los que podría haber aparecido alguna vez una civilización tecnológica.

Suena espectacular. Hasta que llega la última variable.

El número que lo cambia todo: fL

¿Cuánto dura una civilización tecnológica?

Nuestra capacidad de comunicarnos mediante radio ocupa apenas una fracción minúscula de la historia terrestre. Esta última variable, fL, decide el destino de todo el cálculo.

Escenario pesimista. Si una civilización descubre la tecnología y poco después termina destruyéndose, Sagan usa:

fL = 1 / 100,000,000

1,000,000,000 × (1 / 100,000,000) = 10

N ≈ 10

De repente, una galaxia que parecía rebosar de inteligencia queda reducida a unas diez civilizaciones coexistiendo al mismo tiempo. Y Sagan admite una posibilidad inquietante: quizá sean todavía menos; quizá no haya nadie más con quien hablar.

Pocas civilizaciones

Escenario optimista. ¿Y si algunas civilizaciones consiguen superar esa peligrosa “adolescencia tecnológica”? Si apenas 1 de cada 100 logra sobrevivir durante enormes períodos:

fL = 0.01

1,000,000,000 × 0.01 = 10,000,000

N ≈ 10,000,000

Millones de civilizaciones tecnológicas. En ese escenario, decía Sagan, el cielo podría estar lleno de señales procedentes de civilizaciones muchísimo más antiguas que la nuestra.

Y aquí aparece la parte que siempre me ha resultado más inquietante.

Si el número es pequeño, tenemos un problema. Si es enorme… también.

Si la ecuación produce un número extremadamente pequeño, la conclusión resulta incómoda: podríamos estar solos.

Pero si produce millones de civilizaciones, aparece otra pregunta: ¿dónde están?

El propio Sagan plantea la contradicción inmediatamente después: si algunas civilizaciones sobreviven y deberían existir enormes cantidades de ellas, ¿por qué no tenemos evidencia creíble de visitas extraterrestres?

Considera varias posibilidades: quizá somos de los primeros; quizá las civilizaciones se destruyen; quizá el viaje interestelar encierra dificultades que desconocemos; quizá existe algún tipo de no intervención; o quizá, sencillamente, la galaxia es tan inmensa que nadie nos ha encontrado todavía.

Sin embargo, a mí la ecuación me deja una paradoja preciosa:

N ≪ 1 → el universo puede estar prácticamente vacío

N ≫ 1 → el silencio se vuelve cada vez más extraño

Pocos es inquietante. Millones también.

Porque cuanto mayor sea el número de civilizaciones que nuestro modelo predice, más difícil resulta ignorar la pregunta:

Si deberían ser tantos… ¿por qué no escuchamos a ninguno?

Aquí es donde aplico la navaja de Occam.

Podemos inventar explicaciones cada vez más elaboradas para justificar el silencio: que se autodestruyen todas antes de tiempo, que el viaje interestelar es imposible, que existe un pacto de no intervención, que somos los primeros en toda la galaxia. Explicaciones ingeniosas, sí, pero cada una añade más supuestos de los que puedo justificar.

La explicación más simple, la que requiere menos suposiciones adicionales, es la más lógica:

si nadie nos habla, es porque no hay nadie hablando.

La elegante ecuación de Drake. No demuestra que existan extraterrestres. Tampoco demuestra que no existan.Hace algo mucho más interesante: convierte nuestra ignorancia en variables.

Por eso, cuando alguien vuelve a preguntarme:

—¿Existe vida inteligente extraterrestre?

Sigo respondiendo:

—Yo creo que no.

—¿Y cómo lo sabes?

—Pues… lo he calculado.

© 2026 Pedro David Reyes